jueves, 23 de abril de 2015

Pánico en el Colegio

Pánico en el colegio.

   El otro día cuando monté en el coche escuché la noticia de que un profesor había sido asesinado por un alumno de 13 años. La noticia me dejó sobrecogido, pues trabajo en un instituto, y rápidamente pensé que hubiera pasado si nos hubiera tocado a alguno de nosotros. Durante este par de días que han pasado he escuchado opiniones y leído en prensa y ahora quiero hacer una breve reflexión sobre este caso concreto y me cuestiono si es un hecho aislado o realmente es la punta del iceberg.


   Como todo en la vida, se puede mirar desde distintas perspectivas, criminología, sociología, psicología, económica, mediática, jurídica, etc... e incluso intentar conectar las distintas ópticas para dar una visión global sobre un mismo hecho.

   Aunque actualmente en España, hay una habitual delincuencia de menores de 14 años, los cuales la ley Penal del Menor los define como no imputables, este caso tan grave y que ha conmocionado tan fuertemente a la sociedad española no se da con frecuencia en España, no por eso, quiero decir que deje de ser importante. Pero creo que debe tener el tratamiento mediático e institucional adecuado para no sobredimensionar la noticia. Pues cuando se hace un tratamiento informativo desproporcionado, e inadecuado produce un efecto provocado por la presión social sobre el legislador muy fuerte, teniendo como consecuencia muy probable el endurecimiento e incluso el cambio de la edad de imputación de delitos en las Leyes del Menor. Por otro lado, habría que plantearse si nuestra sociedad está preparada para que nuestros niños encajen este tipo de noticias. ¿No deberíamos hablar con ellos? Pues es prácticamente casi imposible que con este nivel de repercusión mediática ningún menor con "uso de razón" se haya quedado sin oír la noticia. ¿Podría ser un efecto llamada para algunos niños o niñas? No lo sé con exactitud, pero me temo que la respuesta sería afirmativa.

   Buscar las causas para que este tipo de hechos tan graves no vuelvan a suceder, se me antoja una tarea muy difícil, las soluciones también. Por suerte en la sociedad española hasta la fecha de hoy no se dan este tipo de delitos por llamarlos de alguna manera, como por ejemplo en Estados Unidos. Lo que si es preocupante es otro tipo de agresiones a padres, compañeros y profesores, en los que si que habría que tomar medidas inmediatas, pero que al no ser harina de este costal no profundizaré sobre ello.

   Si pensamos que este hecho es la punta de un iceberg, y que se ha producido como consecuencia de falta de recursos económicos, ahora que en este momento es fácil echar la culpa de todo a la crisis, podemos llegar a las siguientes preguntas ¿debemos invertir más en seguridad en las aulas? ¿debemos dar mayor apoyo a los centros para que los alumnos tengan mejor atención a sus necesidades? ¿Debemos dar más recursos a las familias para que tengan mejores resortes de comunicación e interactuación? ¿Cómo hacerlo? ¿Se debe imponer una supervisión en los centros que detecten este tipo de irregularidades en los niños y así hacer una relación de familias que necesitan apoyo? ¿Debe haber programas a las familias con riesgos de tener hijos con unos perfiles potencialmente peligrosos y si estos deben ser voluntarios u obligatorios? ¿Deben los docentes tener una mayor preparación en cómo comportarse ante sus alumnos? Todo este tipo de cuestiones las dejo en el aire para que cada uno las responda según sea la conclusión a que le lleve su razonamiento.

   También quiero abordar un asunto bastante importante que es el sufrimiento padecido por todos los individuos afectados por este hecho, familiares del fallecido, de los heridos, el propio centro como tal, con su comunidad educativa. Además, el sufrimiento de los padres y familiares directos del menor, el estigma e incluso dolor de la víctima. ¿Tiene nuestra sociedad los mecanismos adecuados para mitigar tanto dolor? Creo que todavía queda mucho camino que recorrer, tanto en este caso como en muchos en los que la psicología no es un campo bien atendido desde los diversos sectores sociales o fácticos. Escribo esto porque el otro día leí en otro blog esta perspectiva la cual creo que es muy importante no olvidar e incluso darla una prioridad. Ya que aunque pienso que el cerebro de las personas es un resorte muy complejo e inexplorado y no es difícil de tener una certeza absoluta sobre su compartimiento futuro, sí que es cierto que esta bloggera con la cual estoy de acuerdo, daba a entender que la falta de comprensión, de dar el cariño que necesitan los menores y reforzar los lazos afectivos familiares es una asignatura pendiente tanto en casa como en las aulas.

   Para poner fin a mi reflexión, me gustaría hacerme una pregunta ¿habría que cambiar la edad de imputación de los menores? Rotundamente no, pues ¿Cuál sería la edad mínima? 12, 11,10, 9,... Me parece una barbaridad. Comprendo a los que piensan así porque se sienten impotentes, pero existen estudios que avalan que un niño o niña menor de 14 años con una maduración cognitiva media no alcanzado un desarrollo suficiente para ser imputable. ¿Debería cambiar la sociedad hacia un trato diferente hacia sus pequeños? ¿Se les está dando demasiados consentimientos y caprichos y no se les está dando un trato adecuado a sus necesidades? La respuesta para mí, en ambos casos es afirmativa. Una vez oí decir a un profesor que estamos en una filiocracia, es decir donde impera el poder de los hijos, habría que analizar si esta sociedad hedonista (sociedad del placer, del mínimo sufrimiento inmediato), no nos está llevando hacia dar todo lo material a nuestros hijos e hijas y no educar en valores y ponerles los límites adecuados por no enfrentarnos a ellos, pues esto acarrea un esfuerzo para los padres y madres. En conclusión, Sin pensar de modo absoluto que este hecho es un hecho aislado, y que podría ser la punta del iceberg, los medios de comunicación en su libre ejercicio de su libertad de prensa deben observar como limites, además de unos valores comunes éticos, la protección entre otros, de la juventud y de la infancia (artículo 20 CE). Porque me da la sensación, que los medios aprovechan la conmoción y el impacto de la noticia, para generar unos beneficios extraordinarios, de dudosa moralidad y que es importante que la sociedad en su conjunto, sin referirme a este hecho excepcional, recapacitemos sobre el cómo estamos educando a nuestro menores y que buscar un término medio es costoso, y que la concienciación social, para que los poderes fácticos recojan las demandas de los ciudadanos es vital para un cambio positivo.